Nuestra misión es :"Remediar los tres abandonos más perjudiciales de un pueblo,
el de Jesús Sacramentado,
el del cura
y el de las almas."
(Beato Manuel González)

miércoles, 3 de agosto de 2011

Carta de Don Manuel González a un sacerdote novel.

Querido hermano in C.J.: 

Todo edificado y lleno de buena voluntad me deja la lectura de su carta, por la humilde y franca confesión que me hace en ella. "Acabo de llegar a esta mi parroquia, me escribe, y aquí me tiene usted, que con todos mis Meritissimus y premios del seminario, con mis borlas de doctor, con mis provisiones de sociología y con todo lo que yo había leído, aprendido, proyectado y hasta soñado para cuando llegara este caso, no acierto qué hacer ni por dónde empezar.

Porque la verdad es que al verme en una iglesia tan grande y tan vacía, al encontrarme con unos feligreses tan sin importárseles un comino de que les haya venido un cura nuevo, al no oír de los ministros y de los escasos amigos de la parroquia, más consejos que el no se canse usted, que esta gente es imposible, no se saca nada de ellos, paréceme que se me ha olvidado todo y si de algo me acuerdo o en algo pienso, es para aumentar la sensación de soledad, impotencia, casi desaliento que, desde que llegué, me viene asaltando.
Quiere usted decirme en caridad de Dios

¿Por dónde empiezo?...
Sin pretender yo meterme a curandero de pueblos o parro-quias, y sin ánimo de presentarle un cuadro complejo de acción parroquial con sus obras de atracción, consolidación y mejoramiento de sus distraídos y lejanos feligreses, voy a limitarme a responder sencillamente a su pregunta de "por dónde empiezo?"
Voy a darle a usted una respuesta, que quizá no la haya usted encontrado en sus libros de sociología, y que no por más ignorada es menos eficaz.
¿Quiere usted hacer de su parroquia vacía, una llena o por lo menos muy frecuentada?
¿Quiere usted formar esa parroquia sobre base sólida de piedad ilustrada y abnegada?
¿Quiere usted que sus feligreses comulguen mucho?
¿Quiere usted hacer milagros de conversiones de almas de malas en buenas, de tibias en fervorosas?
¿Quiere usted hacerse de una corte de almas escogidas, de buen temple, de abnegación y laboriosidad, que le ayuden y secunden incondicionalmente en su magna obra de transformación de su parroquia?
¿Quiere usted ser cura, no solamente de los ricos y gente comodona, sino de los trabajadores, de los ocupados?
¡Que sí, que sí! es verdad? que todo eso es lo que no sólo quiere, sino lo que ansía y sueña!

Pues todo eso y mucho, muchísimo más, lo conseguirá usted con esta sencillísima receta:
Esté usted sentado todos los días en su confesonario desde las cinco y media de la mañana lo más tarde.
Quizá le parezca a usted muy poca causa para efectos tan grandes. Quizá le asalten dudas de que yo exagero o deliro. Quizá encuentre padres graves y doctores sabios o sabihondos que se rían de mi receta y de su candor en tomarla. Quizá en sus sociologías, filosofías y en los demás las que ha estudiado, encuentre algún reparo que oponerme. Quizá le digan que eso será bueno para los pueblos madrugadores e inútil para las capitales. Quizá se le pase un mes, un año, sin que mi receta le dé resultado visible. Quizá..., ponga usted aquí todos los quizás que se le antojen, que yo sigo asegurando ante el cielo y la tierra con toda la fuerza de mi palabra de sacerdote y con toda la sinceridad de mi alma cristiana que un párroco que se siente en su confesonario todos los días a las cinco y media de la mañana lo más tarde, RESUCITA la parroquia más muerta que haya en el mundo.

¿Pruebas?
Tengo muchas y muy fuertes y si no fuera por el temor de hacer de ésta una carta kilométrica, se las desarrollaría con toda la extensión que el asunto pide y mi caletre permite, pero aunque no sea más que enumerándolas, allá van.

En primer término El HECHO: No conozco ninguna parroquia de cura madrugador y de culto tempranero que esté desierta y que en general no ande bien. Y en cambio conozco muchas, muchas parroquias desiertas, aburridas, sin vida o con vida ficticia o efímera que se abren a las siete, a las ocho, a las nueve y hasta a las diez de la mañana, o lo que es aun peor, cada día a hora distinta.
Él que no esté conforme conmigo en la afirmación de ese hecho, que me cite casos en contrario y con lealtad rectificaré.
Cierto que hay parroquias en las que no se madruga y hay muchas Comuniones. Pero quién me niega que si se madrugara se duplicaría por lo menos el número de Comuniones?

En segundo término un cura sentado en su confesonario desde muy temprano, aunque no tenga penitentes que confesar en toda la mañana, o hasta muy tarde, es siempre una dulce y avasalladora violencia sobre el Corazón de Jesús para que derrame gracias extraordinarias. Es un estímulo y un ejemplo poderoso para sus feligreses buenos (pocos o muchos) para que no se dejen dominar ni por el desaliento ni por el pretexto de las muchas ocupaciones. Es una facilidad para los feligre¬ses pobres y ocupados. Es un despertador de remordimientos para los feligreses pecadores y aun empedernidos, y muchísi¬mas cosas buenas que no pueden decirse aquí y que los curas madrugadores ya se saben muy de memoria.

Y dígame usted, amigo mío, con qué cara nos ponemos a predicar Comunión frecuente y diaria a las criadas de servicio, a las costureras, a los obreros, a las madres de familia, a todos los ocupados que sólo disponen del tiempo que quitan a su sueño, si dejamos cerrada la iglesia hasta las ocho de la mañana? Es que esa porción de nuestra grey no tiene derecho a Misa diaria y a Comunión diaria y a visita al santísimo Sacramento antes de su trabajo? Y cómo vamos a fomentar entre nuestros feligreses, especialmente los ocupados, la meditación diaria a hora fija, la confesión frecuente y la dirección espiritual, si no les damos a hora fija y temprana iglesia y Sagrario abiertos y confesor a su disposición?

Ay amigo! qué pena siento cuando visito pueblos en mis correrías de propaganda y tengo que pasearme por el pórtico de la iglesia para hacer tiempo que abran, mientras el sol llena las calles del pueblo y los hombres llenan las tabernas!
Se me dice, dejando a Dios que juzgue otras razones y excusas que he oído y que a mí no me toca juzgar, que no abren temprano y que no se sientan en el confesonario porque no van los fieles, y yo me digo que no van porque no abren ni se sientan...
Que hagan la prueba por un poco de tiempo y verán cómo se rompe ese círculo vicioso!
Y si no van a pesar de eso, lo que será muy raro, si no van, quienes perderán serán los feligreses; pero no el cura, que se habrá labrado una gran corona con la constancia de su sacrificio no agradecido ni aprovechado.

Sí, empiece usted por ahí, amigo querido, empiece desde mañana mismo, y ya verá lo que se aprende en esas horas de soledad de sus mañanas y lo bien que se entenderán y las cosas que se dirán los dos abandonados de su parroquia, el del Sagrario y el del confesonario y cómo éste aprenderá de Aquél a esperar siempre a los que no quieren venir, a proyectar y hacer bien en favor de los que hacen mal, a amar y a sacrificarse, y mediante esto, a salvar su pueblo.
Hermano, yo soy cura hace ya años, y estoy con ocasión de mis propagandas y particularmente de la Obra de las Marías, en comunicación constante con miles de curas de los pueblos y con la experiencia de todo eso, puedo asegurarle dos cosas:
- Que sin ser solución única y total ésta que le he dado para la resurrección de su parroquia, allana, prepara y fecunda todas las demás; y
- Que un cura que no sea madrugador, fuera del caso de enfermedad, aunque haya hecho otras muchas obras buenas, aun no tiene derecho a decir con verdad que ha hecho todo lo posible por salvar a su parroquia.
Y ya sabe usted: El buen pastor da la vida por sus ovejas...
Y el dar la vida es mucho más que las dos horillas de sueño de la mañana...

Muy suyo in C.J.

El ARCIPRESTE DE HUELVA

sábado, 30 de julio de 2011

Ley orgánica de profesión religiosa - Mons. José Mario Ruiz Navas

Este es el nuevo proyecto de ley que se quiere abrir paso en Ecuador. Un nuevo capìtulo en el libro de las persecusiones que sufre la Iglesia Catòlica en el mundo. Se los comparto con la esperanza de que nos encomienden y que nos ayuden tambièn a encontrar maneras para combatir èsta pretensiòn abusiva del estado ecuatoriano.

"La Ley de Libertad Educativa de los Padres de Familia fue aprobada por las tres funciones del Estado. Su supresión fue globo de ensayo: nada explicamos para defenderla. El escrito de Pablo Villagómez Reinel, ‘Ley Orgánica de Profesión Religiosa y de la Ética Laica’, es otro globo de ensayo, busca confirmar o no la pasividad de los ecuatorianos libres. El escrito de 99 artículos, confuso, repetitivo, incoherente, ajeno a la historia y a la filosofía jurídica, permite a juristas calificarlo como “mamotreto”. Confunde la beneficiosa laicidad con laicismo fanático y opresor. Ignora la opresión comunista de la conciencia, que causó la postración de media Europa. En el escrito se confunde el significado de política. Seguramente el presidente Correa ni conoce este escrito.

Lo que más aparece en el escrito es la llamada ética laica.

Señalo pocas de sus muchas confusas afirmaciones, una más opresora que otra:

1. “Sometimiento del derecho personal al propio derecho”. ¿Qué quiere decir? 2. Desconocimiento de la objeción de conciencia. 3. “La profesión de dogmas religiosos será siempre privada. La profesión de ética laica podrá ser pública y privada”. 4 “La asistencia religiosa debe regirse a las disposiciones de la presente ley y de las normas que se establezcan”. 5 “El Estado favorecerá la profesión de la fe civil”. 6. “Las entidades religiosas deben rendir cuentas de sus actividades…” (¿A quien?). 7. “El espacio público… no puede ser utilizado con fines religiosos”. Se suprimirían p.e. las procesiones del Señor del Gran Poder y del Consuelo, sin permiso expreso, so pena de disolución de la entidad religiosa (artículo 87). 8. “Las entidades religiosas no pueden exponer públicamente sus opiniones morales”. 9. “El Estado determina las condiciones legales para la práctica religiosa; calificará y evaluará a las entidades religiosas”. 10. En planteles educativos (no se excluyen los particulares) no pueden celebrarse actos religiosos. 11. “Ninguna entidad religiosa podrá oponerse a la profesión y difusión de la ética laica”. 12. “Las entidades religiosas podrán realizar pronunciamientos públicos, pero sin contenido religioso”. 13. “El Estado reconocerá el trabajo de los promotores de principios laicos y se abstendrá de premiar a entidades religiosas”. “Las entidades religiosas no podrán utilizar los medios de comunicación social”. 14. “No se podrá impartir enseñanza religiosa, ni como materia optativa, ni siquiera en los centros de educación particular” (artículo 54). 15. Las entidades amparadas por regímenes especiales (Modus Vivendi) deberán ajustar su estructura y funcionamiento… a la presente ley.

Notemos: la laicidad, que es libertad de profesar o no una religión, que es separación de Estado e Iglesia, es beneficiosa, más para la Iglesia que para el Estado, como enseña la historia.

Cuando se inició la ampliación del campo del saber humano a las ciencias, antes reducido a filosofía, teología y matemáticas, era explicable la pugna entre algunos clérigos y laicos. Esa pugna es de ayer.

El laicismo del proyecto desconoce al hombre ecuatoriano y su historia, es fanático, pretende imponer una religión sin Dios.

¿Defenderemos no católicos y católicos, laicos y clérigos, no solo nuestra fe, sino también nuestra identidad? ¡Despertémonos!"

sábado, 23 de julio de 2011

Nuestro campo de acción - Ser Misionero Eucarístico

Cuando éramos todavía adolescentes y nos preguntábamos cuál debería ser el “grupo objetivo” que como grupo de jóvenes debíamos evangelizar, la respuesta surgió naturalmente: debíamos evangelizar a los indiferentes. Nos cuestionábamos al ver tantos jóvenes que al igual que nosotros habían recibido el sacramento de la confirmación, pero que no se veían nunca por la parroquia.

Ya como párroco, años más tarde, la realidad sigue siendo la misma. No es extraño escuchar expresiones como “católico no practicante” o “creyente sin religión”. Y no podemos pensar que es cosa nueva, ya Don Manuel a inicios del siglo pasado describía la situación española de aquel entonces:

“Pueblos en que el aislamiento en que vive Jesucristo es tan cierto como triste y extendido. Unas veces, es odio del pueblo a Él, otras, las más, es indiferencia e ignorancia, pero siempre aislamiento, separación. Muchos pueblos para los que la palabra oración, meditación, vida sobrenatural, espíritu, mortificación, humildad, celo, Sagrario, son desconocidas, a lo más lo que en muchos de esos pueblos se encuentra es una momia de piedad, o una como rutina de rezos y prácticas sin alma, jugo, articulación y movimiento sobrenaturales.”

Los Misioneros Eucarísticos Diocesanos, siendo sacerdotes del clero secular, pertenecemos a una diócesis específica. Nuestra labor será, en la mayoría de los casos, circunscrita a esa porción del pueblo de Dios, de la que hacemos parte, puesto que hemos crecido en ella. Y es en esa realidad en la que tenemos que ejercer nuestra labor eucaristizadora.

Para poner un ejemplo simple podríamos hablar del porcentaje de fieles que asisten regularmente a la celebración eucarística dominical. En Guayaquil el 15%, según los últimos datos, mientras que en Roma llegamos al 10%, la diócesis de Sora, donde colaboro los fines de semana, apenas llega al 8%. Como pueden notar es grande el campo de acción, son muchísimos los indiferentes.

Ese es el campo de acción que Don Manuel quería para sus Misioneros Eucarísticos. Y así lo hicieron, visitando hasta los pueblos más distantes de la diócesis de Málaga, animando a los laicos que estaban más cerca, formándoles para que fuesen apóstoles de sus hermanos más alejados. Siendo colaboradores de los párrocos, en fraternidad sacerdotal, llevando la dulzura de la amistad y compartiendo la alegría del ministerio.

A todos nos toca remediar el abandono de Cristo y es responsabilidad de todos sostener y acompañar a los sacerdotes, comenzando por los mismos sacerdotes que podemos comprender la difícil y frustrante que puede ser muchas veces nuestro ministerio. Sigamos la senda que nos dejó Don Manuel y seguro que veremos abundantes frutos.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein, MED.

sábado, 16 de julio de 2011

Don Manuel y la misión de los laicos

Pensar en la misión del sacerdote y su valor no puede ser nunca justificativo para olvidar la importancia del servicio de los laicos en la Iglesia. El Beato Manuel González lo tenía muy claro y así lo enseñaba. Antes de fundar los Misioneros y las Misioneras Eucaristicos, había ya fundado las Marías y los Discípulos de San Juan que daban y buscaban compañía al Abandonado del Tabernáculo. 

Su experiencia pastoral, como capellán, párroco, arcipreste y obispo, le había enseñado el poder del apostolado de los laicos y procuró hacer de sus hijas e hijos espirituales grandes apóstoles. El sabía que cada cristiano tiene una tarea que cumplir en la Iglesia y así lo predicaba, moviéndo a las almas a la acción, partiendo siempre de la adoración. A los sacerdotes encomendaba el cultivo espiritual de aquellas almas que ya habían descubierto ésta llamada al apostolado, ayudándolas con la dirección espiritual, a hacer crecer y profundizar su vida interior. Así lo afirma en el libro "Artes para ser Apóstol":
“La acción del misionero (grandes misiones) es la de la lluvia torrencial; la del director espiritual, la de la llovizna; aquella moja, ésta remoja la tierra. Urge que salgan a los pueblos sacerdotes prudentes, celosos, ilustrados en la ciencia de las almas a buscar y pulimentar margaritas preciosas...porque los pueblos, por muy perdidos y extraviados que estén, si tienen núcleo piadoso, son pueblos de esperanza; tarde o temprano volverán; los que no lo tienen, no volverán; prácticamente son irredimibles. Dios no acostumbra a salvar sin intercesores ni apóstoles, y las almas piadosas de un pueblo son sus intercesores y sus apóstoles ”

Era tarea prioritaria de los Misioneros Eucarísticos el hacer madurar a quel núcleo de laicos que eran como el alma de la parroquia. Eran ellos la levadura que haría fermentar la masa. Es así como podemos comprender el proceso que promovía Don Manuel como obispo y fue eso lo que alcanzaron los primeros misioneros en Málaga. El "Granito de Arena" de enero del 1919 enumera así los tres principales ministerios que realizaban los Misioneros en las parroquias que visitaban:

"Tres son los principales ministerios de estos Misioneros; a saber: predicación sobre un punto de ascética a los fieles en general; oír confesiones procurando inculcar en las almas la vida de oración y comunicación con Jesucristo Sacramentado; instrucción catequística a los niños."

Sabemos también que muchas veces, cuando el tiempo lo permitía, disctaban una mañana de retiro espiritual a la comunidad parroquial, a los laicos que participaban activamente, procurando animarles y formarles mejor.

Sé que la mayoría de ustedes, amigos lectores, no son sacerdotes. Quería hoy recordar éste aspecto importantísimo de la espiritualidad de nuestro fundador para que así no quede ninguna duda de su fe en el apostolado de los laicos y de la dedicación que tuvo para formarles y enviarles a la misión eucaristizadora.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein, MED.

lunes, 11 de julio de 2011

De parte de nuestros lectores - Carta de Mons. Pepe al Padre Tomás

Querido padre Tomás:

Hoy vi algo peculiar sobre el altar durante mi hora santa: una caja de chocolates. Pensé que alguien la había dejado olvidada hasta que leí la tarjeta que tenía: 'Para Jesús, de Ninay, porque tu amor es el más dulce de todos".

Un día Ninay estaba tan ensimismada en el amor de Jesús, que no quería dejar la capilla. Su marido la iba a recoger después de su hora santa, pero Ninay rezó pidiéndole fervientemente a Jesús que la dejase quedar más tiempo. El automóvil de su marido no arrancó y cuando lograron arreglarlo nuestra querida Ninay había pasado seis horas adicionales con el Señor.

Dios Padre no puede rehusarse cuando le pedimos amar cada vez más a su Hijo Jesús en el Santísimo Sacramento. El amor es dulce porque nos hace sentir muy bien. La calidez del amor es lo que realmente hace que uno se sienta especialmente querido. Por eso el amor de Jesús en el Santísimo Sacramento es el más grande y dulce que nuestros corazones puedan jamás conocer.

Su amor te hace la persona más especial e importante del mundo. Cada persona es para Dios irremplazable, nunca antes creada y nunca reproducida. Dios se ve a Sí mismo en nosotros. Dios ve esta única cualidad y especial característica que sólo nosotros poseemos, en cada uno de nosotros. Él haría solamente por ti lo que hizo por todos. Jesús lo haría nuevamente por ti, si eso significara tu salvación.

Así eres de especial para Él. Pero nunca llegarás a saberlo a menos que te acerques a conocerlo en el Santísimo Sacramento. El Santísimo Sacramento es Dios, el enamorado divino diciéndonos cuan infinitamente especiales somos para Él. Dios no nos mandó obsequios o una tarjeta sino a su Hijo único. "Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único... no para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él" (Jn 3,16-17). Dios ama tanto al mundo que por medio del Santísimo Sacramento continúa enviando a su Hijo único, que nos dice que el Padre nos ama tanto como ama a su Hijo (Jn 17,23). En otras palabras, cada uno de nosotros es tan especial para el Padre como Jesús mismo. ¡Qué amor más tierno!

Por eso, en la oración de entrada de la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo se exclama: "Y a Él lo sustentaría con la flor del trigo, lo saciaría con la miel de la peña" (Sal 80,17). La miel que mana de la "peña" es el dulce amor divino de Jesús que mana de su Corazón en el Santísimo Sacramento. Sólo un corazón herido puede apreciar esta dulzura. Sólo un corazón humillado puede reconocerlo. Sólo un corazón de niño puede amarlo. Por eso Dios permite el sufrimiento en nuestra vida. Es la medicina que nos cura la soberbia. Sólo cuando nuestro corazón está herido, aplastado, derrotado, humillado o sufriendo de cualquier manera, podemos experimentar la dulzura de su amor. Porque Él es el más abatido de todos. 

Una lanza abrió el costado de Jesús para que de su Corazón herido pudiera brotar la dulzura de su Amor Divino sobre todos los que se acercan a Él en el Santísimo Sacramento. Por eso proclamamos en la bendición: "Nos diste, Señor, el Pan del cielo... que en sí contiene todas las delicias". Cuando estuve en México, vi unos niños jugando a la “piñata”. Con los ojos tapados, golpeaban un objeto hasta que lograban romperlo. Así caían todos los caramelos que contenía y que los chicos comían hasta saciarse.

Al Corazón destrozado de Jesús en el Santísimo Sacramento se acercan todos los corazones destrozados del mundo. La dulzura de su Amor es bálsamo y consuelo para las amarguras de la vida y sus rechazos dolorosos. Porque Yahveh está cerca de los que tienen roto el corazón, Él salva a los espíritus hundidos" (Sal 34,19).

El Papa Pablo VI dijo: "El Santísimo Sacramento es el corazón vivo de cada una de nuestras parroquias" (Credo del pueblo de Dios). Cuando pienso en la Iglesia y en el mundo de hoy, creo que tenemos poco poder espiritual, algunos lo creen perdido, pero nosotros lo llamamos apagón parcial. "Y el juicio está en que vino la luz al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz" (jn 3,19). Debemos volver a la fuente viva del dulce Amor, el enamorado divino que genera la verdadera luz por la que vemos lo especial que somos. Cuando uno se siente como una basura, trata a los demás como basura. Cuando uno sabe cuán infinitamente especial es, entonces trata a los demás en forma especial. Cuanto más amados nos veamos a la luz del Amor Eucarístico, tanto más nos amaremos unos a otros.

Sobre el Santísimo Sacramento se ha escrito: "Enamorarse de Dios es el más grande de todos los romances. Buscarlo, la aventura más grande. Encontrarlo, la conquista humana más importante".

Fraternalmente tuyo en Su Amor Eucarístico, Mons. Pepe

miércoles, 8 de junio de 2011

Los fracasos de Jesús - De los escritos de Don Manuel

Hoy en día el éxito es la única meta de muchos. Ni la felicidad, ni la realización personal que motivaba a tantas son ya motores capaces de empujar. Sólo el éxito personal conseguido a cualquier costo (ético, moral, espiritual) parece ser capaz de lograr que cada persona se mueva. Lo que más preocupa es que también los sacerdotes caigamos en la misma red.

Jesús nunca evaluó a sus apóstoles por los resultados logrados. De hecho si de calificaciones se tratara, a algunos de ellos les hubiese tocado “repetir el año”. La lista de fracasos fue bastante larga: la traición de Judas, las negaciones de Pedro, el abandono de la mayoría durante la pasión y la Cruz, etc. 

También Jesús fracasó a los ojos del mundo. Hoy tendríamos que descubrir cuáles fueron esos fracasos y es Don Manuel quien nos los presenta. Lógicamente cada uno de ellos nos deja una lección valiosísima que debemos encarnar en nuestras vidas. ¡Benditos fracasos de Jesús!

Don Manuel nos presenta como primer fracaso el de su vida oculta. Durante treinta años vivió en su pueblo y seguramente fue tan bueno como siempre. Sin embargo cuando regresa a visitarlos, ellos no hacen sino atacarlo y pretenden hasta matarlo. El segundo fracaso es el de su vida pública que parecía un gran éxito. Al final, al pie de la Cruz sólo le quedan tres mujeres y el más joven de los discípulos. Todos los demás lo abandonaron. Los mismos que le cantaban “Hosanna al Hijo de David” el día de ramos, poco después gritaban “Crucifícalo”. El tercero y quizás el más doloroso es el fracaso de su vida eucarística. Dos mil años presente en los Sagrarios, haciéndose realmente presente en cada Santa Misa, y tan abandonado, desconocido y maltratado.

Pero Dios que de los males saca bienes, saca también de éstos fracasos, frutos y virtudes. Lo explica el Beato Manuel:

“El fracaso de la vida oculta, es el triunfo del amor humilde. El fracaso de la vida pública es el triunfo del amor misericordioso. Y el fracaso de la vida eucarística es el triunfo del amor en perpetuo sacrificio.” (Así ama Él, Beato Manuel)

Si el mundo no ha saltado ya roto en miles de pedazos por la soberbia, la ferocidad y la lujuria de los hombres, y todavía hay hogares felices y hombres y mujeres que se sacrifican por sus hermanos y viven como ángeles, se debe a que sobre la misma tierra y bajo los mismos techos que los malos y los buenos viven, pasó y mora la humildad, la misericordia y el amor oculto y callado del Corazón de Jesús.

Somos sacerdotes, somos pastores y como tales somos responsables no sólo de nuestra fe, sino también de la de nuestros hermanos. No podemos pretender una vida de éxitos a los ojos de mundo, sino una de fracasos. Son los fracasos según el mundo los que traen la victoria eterna, los que traen la salvación al mundo, así como el fracaso de la Cruz. Sólo ese “fracaso” momentáneo nos entregó la victoria eterna de la resurrección.

“No lo olvidéis, fracasados de Jesús: confiando en Él e imitándolo no hay fracasos ni reales ni definitivos!” (Beato Manuel)
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein, MED